De Primera Mano . Por Francisco Javier Ruiz Quirrín
INSISTO EN que, para la historia, la llamada “cuarta transformación” de nuestros días, se interpretará como el bisnieto del Partido Nacional Revolucionario (PNR) fundado por Plutarco Elías Calles en 1929.
Recordamos que ese PNR se transformó en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) durante el primer sexenio de la historia mexicana con el general Lázaro Cárdenas del Río en la presidencia de la república.
Finalmente, quedó como Partido Revolucionario Institucional (PRI) bajo la promoción del presidente Miguel Alemán Valdés.
Como MORENA se conformó con arrepentidos priístas y repiten constantemente que el “viejo régimen” gobernó por setenta años, es nada más y nada menos, “la cuarta transformación”.
¿El “nuevo régimen” es MORENA? Claro que no. Lázaro Cárdenas impuso un socialismo en el campo y la educación, la que se convirtió en un estrepitoso fracaso.
El presidente Luis Echeverría Álvarez, en la segunda parte de su sexenio, puso en práctica la “economía mixta” que no fue otra cosa que el manejo de la economía nacional desde Los Pinos, la residencia oficial del presidencialismo. Enfrentó también a Estados Unidos y “nacionalizó” gran parte del campo mexicano (entre ellos los valles del Yaqui y el Mayo) y heredó un país con una crisis como no la había vivido en los últimos 30 años de esa época.
A partir del año 2018, México vive una etapa regresiva, cuando menos de 50 años.
En política, siempre la última palabra la tenía el presidente. Los aspirantes a un cargo de elección popular que no resultaban favorecidos a pesar de haber sido “lanzados” desde los altos niveles, tenían que resignarse a “tragar sapos”. Esa práctica se vino abajo a partir de la “rebelión” interna del año 1987 con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo a la cabeza, movimiento que se convirtió al paso de los años en Partido de la Revolución Democrática y, posteriormente, gracias al “mesías tropical” Andrés Manuel López Obrador, en MORENA.
El discurso es el mismo de siempre: “El pueblo manda y el puedo decide, porque la Democracia es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; por el bien de todos primero los pobres, porque el pueblo es bueno y sabio y porque el pueblo da, pero también el pueblo quita”
Si en el pasado el presidente actuaba como un monarca, en nuestros días, la última palabra la tiene el “mesías tropical”, por encima de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo cual establece una diferencia específica: Antes se cubría con la forma; hoy, sin el menor rubor, el poder se muestra y demuestra desde el escondite de López Obrador en Palenque, Chiapas.
Una evidencia muy contundente de ello fue el proceso interno llevado a cabo por MORENA para elegir a sus precandidatas y precandidatos a la gubernatura en 17 entidades, las que estarán en juego en el 2027.
En su visita a Hermosillo este fin de semana, la presidenta del comité ejecutivo nacional de MORENA, Ariadna Montiel Reyes, aprovechó su encuentro con la prensa para decirle a las y los “rebeldes”, inconformes con los resultados del proceso, que tenían que leer la página 715 del libro “Pueblo”, de López Obrador, donde, entre otras cosas, se lee:
“En las próximas elecciones, no vaya alguno de ustedes a encapricharse y querer ser por su lado candidato a como dé lugar, -sin ganar una encuesta como lo establecen los estatutos de MORENA-, dominados por una ambición desmedida, sin autolimitarse, porque eso lo llevaría al desprestigio”.
Ante la inconformidad mostrada por el aspirante Javier Lamarque en el proceso para elegir precandidata a la gubernatura, lo “consolaron” otorgándole a su esposa, Martha Patricia Fierro, la titularidad de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Sonora y la promesa para él de convertirse en diputado local y coordinador de su bancada en el 2027… Otra inconforme, Célida López Cárdenas, se le concedió la precandidatura a la presidencia municipal de Hermosillo.
En el viejo PRI, estaba prohibido rebelarse. En MORENA están convencidos ahora de que, otorgando premios de consolación, se olvidarán agravios. Hay quienes olvidan su dignidad a cambio de migajas de poder.
Hay excepciones. Wendy Briseño, aspirante a la candidatura para buscar la alcaldía de Hermosillo, cuando menos hasta ahora ha mostrado una mayor dignidad.
Para buscar “la joya de la corona”, es decir, el palacio municipal de la capital de Sonora, había cuando menos diez distinguidos militantes de MORENA. Todos merecedores y algunos mejor calificados que Célida.
Todos ellos, tuvieron que tragar sapos y todavía tolerar en el acto político del sábado con Ariadna Montiel a la cabeza, les impusieran una valla para evitar adentrarse al presídium.
Como si hubieran pensado en hacerlo.




