Mtro. Jesús Antonio García Ramírez . Politólogo
1. Consideraciones previas
La ciencia política latinoamericana tiene la mala costumbre de sorprenderse de lo que ya explicó. Lo ocurrido en Chile en diciembre de 2025 y lo confirmado hoy en Brasil el 25 de octubre de 2026 no son dos anomalías nacionales. Son el mismo dispositivo electoral operando en dos geografías con signo inverso.En Chile, Jeannette Jara ganó la primera vuelta con 26.85% sobre 23.92% de José Antonio Kast.
Quince días después, Kast la aplastó con 58.61% contra 41.39%, con más de doce millones de votantes, 85% de participación y más de dos millones de diferencia. En Brasil, Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con 47.03% contra 45.16% de Luiz Inácio Lula da Silva, una ventaja de 2.2 millones de votos. Hoy, con 97.69% de urnas escrutadas según el Tribunal Superior Electoral, Lula revierte con 51.74% contra 48.26% y saca más de cuatro millones de diferencia. Es histórico: desde el fin de la dictadura militar 1964-1985, nunca el segundo lugar de la primera vuelta había ganado el balotaje.
En ambos casos la primera vuelta la gana la identidad ideológica. La segunda la gana la capacidad operativa. En Chile fue la transferencia en bloque de Chile Vamos y del Partido Nacional Libertario hacia Kast. En Brasil fue la operación territorial del nordeste, Salvador, Feira de Santana, Recife, Fortaleza y la periferia de la Zona Leste de São Paulo, donde hubo que extender dos horas la jornada por fallas de transporte público y lluvias. No hay voto oculto. Hay voto que solo aparece si lo van a buscar.
2. A manera de reflexión
Aquí es donde el análisis debe dejar de ser electoral y volverse político. Lo que estamos jugando en América Latina es el ejercicio pleno de una democracia neoliberal que permite todo el riesgo electoral sin garantizar transformación alguna del modelo de acumulación.
Chile decidió orden. El pueblo que votó masivamente a Kast no es el barrio alto de Santiago. Es el Chile del miedo cotidiano al delito. Votó frontera, votó recorte de seis mil millones de dólares, votó mano dura. Y, sin embargo, el núcleo del modelo Estado-Mercado chileno permanece intacto: sistema de AFP, Isapres, Banco Central autónomo y matriz extractivista. Kast administrará el neoliberalismo con legitimidad del orden, pero lo administrará.
Brasil decidió inclusión. El pueblo que decidió hoy es concreto: la mujer negra de Salvador que esperó el bus bajo la lluvia, el joven de Bahía que no votó en primera vuelta, el obrero de la periferia paulista.
Votó por Lula para recuperar aumento real del salario, transferencia y pertenencia. Y, sin embargo, el agrobusiness que sostiene el superávit, el Banco Central autónomo blindado por ley y la arquitectura fiscal que exige el mercado permanecerán intocables. Lula administrará el mismo neoliberalismo con rostro social, pero lo administrará. Hemos perfeccionado la democracia electoral hasta volverla inocua para el modelo económico. El pueblo ejerce con entusiasmo, hace filas, defiende su voto, pero no manda sobre el núcleo del modelo. Ejerce soberanía electoral, no soberanía económica.
3. Consideraciones finales
La enseñanza política debe sostenerse en teoría:
- Primero, la noción de democracia delegativa de Guillermo O’Donnell: el voto legitima, pero no controla al ejecutivo, que al día siguiente pacta con los poderes fácticos.
- Segundo, la tesis de Adam Przeworski sobre los límites estructurales de la democracia capitalista: la democracia tolera cualquier alternancia mientras no se toque propiedad, moneda y deuda. Ni Kast ni Lula cruzan esas fronteras.
- Tercero, la teoría de la movilización de V.O. Key: el votante de bajos ingresos no vive en encuestas, vive en territorio, y su participación depende de logística material que hoy decidió Brasil. El neoliberalismo ya no necesita prohibir elecciones. Necesita multiplicarlas. Mientras más votamos, más legitimamos un modelo que nunca se somete a balotaje. El balotaje se ha convertido en el gran dispositivo de estabilidad del Estado-Mercado.
Chile y Brasil no son victorias de la derecha o de la izquierda. Son la confirmación de que en América Latina el pueblo ya aprendió a ejercer la democracia, pero el modelo ya aprendió a sobrevivirle.


