POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Toda civilización necesita energía para avanzar. Las ciudades, las industrias, los hospitales, las escuelas y las nuevas tecnologías dependen de ella. Pero el siglo XXI plantea una pregunta fundamental para México: ¿Cómo producir la energía que necesitaremos sin comprometer el futuro de quienes todavía no han nacido? La realidad política de México exige una estrategia energética de largo plazo que combine seguridad, competitividad, innovación y responsabilidad ambiental.
La transición energética no debe entenderse únicamente como un cambio de combustibles, sino como una oportunidad para construir una nueva economía basada en conocimiento y tecnología.
México posee condiciones extraordinarias para desarrollar energía solar, eólica y otras fuentes renovables.
Pero aprovecharlas requerirá infraestructura, investigación, almacenamiento, redes inteligentes y profesionales capaces de integrar distintas tecnologías en un sistema confiable.
La inteligencia artificial tendrá un papel fundamental.
Podrá ayudar a predecir la demanda, optimizar redes eléctricas, detectar fallas y administrar mejor la generación distribuida.
El futuro energético será cada vez más inteligente, descentralizado y conectado.
Los jóvenes serán protagonistas de esta transformación. Ingenieros, científicos, especialistas en almacenamiento, desarrolladores de software y expertos ambientales tendrán la responsabilidad de diseñar soluciones que permitan producir más energía con menor impacto y mayor eficiencia.
El servidor público del futuro deberá comprender que la política energética no puede construirse pensando solamente en el siguiente sexenio. Las decisiones que tomemos hoy definirán la competitividad de México durante las próximas décadas.
La verdadera soberanía energética no consistirá únicamente en poseer recursos, sino en desarrollar el conocimiento, la tecnología y las capacidades humanas para utilizarlos responsablemente.
México necesita una nueva generación que entienda que energía y desarrollo deben caminar juntos, pero siempre bajo una premisa superior: el bienestar de las personas y la protección del futuro común.
Pensamiento para la juventud: La energía mueve las máquinas, pero es el conocimiento el que mueve a las naciones.
El desafío será utilizar ambos para construir un México próspero, limpio y soberano

