POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
México posee una de las mayores riquezas biológicas del planeta. Selvas, desiertos, bosques, mares, ríos y una extraordinaria diversidad de especies forman un patrimonio que pertenece no solamente a nuestra generación, sino también a quienes todavía no han nacido.
El gran desafío será convertir esa riqueza natural en una fortaleza para el desarrollo sin destruirla.
La realidad política de México exige superar la falsa idea de que conservación y desarrollo son enemigos.
El verdadero progreso consiste en encontrar modelos capaces de generar bienestar económico mientras protegen los ecosistemas que sostienen la vida.
La tecnología puede convertirse en una aliada extraordinaria. Satélites, sensores, inteligencia artificial y análisis de datos permiten monitorear bosques, detectar cambios ambientales, identificar actividades ilegales y comprender con mayor precisión los efectos del cambio climático.
El conocimiento puede convertirse en una nueva herramienta de protección. Pero ninguna tecnología sustituirá la responsabilidad humana.
Los jóvenes deberán comprender que defender la biodiversidad no significa solamente proteger animales o paisajes; significa proteger agua, alimentos, suelos, clima y las condiciones que hacen posible nuestra propia existencia.
México necesita formar una nueva generación de científicos, biólogos, ingenieros ambientales, especialistas en datos y emprendedores capaces de crear soluciones económicas basadas en la conservación.
La naturaleza también puede generar empleo, investigación, turismo responsable y nuevas oportunidades para las comunidades.
El servidor público del futuro tendrá que aprender a tomar decisiones considerando una variable que durante mucho tiempo fue ignorada: el costo ambiental de cada decisión.
Una obra que genera riqueza hoy, pero destruye el patrimonio natural de mañana, no puede considerarse desarrollo verdadero.
Los jóvenes deben recibir un México donde la innovación no signifique conquistar la naturaleza, sino aprender a convivir inteligentemente con ella. Pensamiento para la juventud: No heredamos la naturaleza de nuestros padres; la recibimos en custodia de nuestros hijos. Protegerla será una de las formas más profundas de ejercer responsabilidad hacia el futuro.




