POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Cada generación recibe un país que no construyó completamente, pero tiene la responsabilidad de entregarlo mejor.
Esa es una de las reglas silenciosas de la historia.
El México que hoy conocemos es resultado de decisiones acumuladas durante décadas; el México del mañana será consecuencia de las decisiones que tomemos ahora. La realidad política de México exige establecer un nuevo contrato generacional.
No se trata de enfrentar a jóvenes contra adultos, ni de sustituir una generación por otra. Se trata de unir experiencia y conocimiento nuevo para construir instituciones capaces de responder a un mundo radicalmente diferente.
Los jóvenes deberán llegar a la política con una mentalidad distinta: no heredar las inercias, sino comprenderlas para transformarlas.
Deberán estudiar los sistemas existentes, identificar sus fallas, conservar aquello que funciona y rediseñar aquello que ya no responde a las necesidades de la sociedad.
La tecnología permitirá acelerar ese proceso. Un software puede ordenar información, detectar errores, generar alertas y medir resultados diariamente.
Pero la decisión de transformar un sistema seguirá dependiendo de personas con visión, carácter y responsabilidad.
Aquí aparece la visión humanista del servicio público: ningún algoritmo, presupuesto o institución tiene sentido si no mejora la vida de las personas. La eficiencia debe caminar junto a la justicia; la innovación junto a la ética; el crecimiento junto al bienestar.
Los jóvenes no necesitan esperar a tener un cargo para comenzar a transformar México. Pueden hacerlo desde las universidades, las empresas, las comunidades, los laboratorios y las organizaciones sociales. La política comienza mucho antes de ocupar una oficina pública.
El verdadero contrato generacional consiste en algo sencillo y profundo: recibir un país con gratitud, transformarlo con inteligencia y entregarlo con responsabilidad.
México no necesita una guerra entre generaciones; necesita una alianza entre ellas. Pensamiento para la juventud: No recibas el futuro como una herencia que debes conservar intacta.
Recíbelo como una responsabilidad que debes mejorar para que quienes vengan después encuentren más caminos abiertos que los que tú encontraste



