POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Durante mucho tiempo se creyó que la riqueza de una nación dependía de sus minas, de sus campos o de sus fábricas.
Hoy, la historia demuestra una verdad diferente: el recurso más valioso de un país es su gente.
Ninguna economía puede crecer de manera sostenible si no invierte en el talento, la educación y el desarrollo de sus ciudadanos.
La realidad política de México exige colocar al capital humano en el centro del proyecto nacional.
El futuro no será conquistado por los países que posean más recursos naturales, sino por aquellos que formen mejores científicos, ingenieros, maestros, médicos, emprendedores, artistas y servidores públicos. La inteligencia artificial acelerará la transformación del trabajo y creará nuevas profesiones que hoy apenas comenzamos a imaginar.
Frente a este cambio, la educación permanente dejará de ser una opción para convertirse en una necesidad.
Aprender durante toda la vida será una de las mayores fortalezas de las nuevas generaciones.
Los jóvenes mexicanos representan una ventaja estratégica. Su creatividad, capacidad de adaptación y dominio de las tecnologías pueden impulsar una nueva etapa de prosperidad, siempre que encuentren instituciones que crean en ellos, los preparen y les abran oportunidades para desarrollar su potencial.
El servicio público deberá asumir una misión fundamental: construir políticas que fortalezcan el talento desde la infancia hasta la vida profesional. Invertir en educación, ciencia, cultura, salud y capacitación será la decisión más inteligente que pueda tomar un Estado.
México no debe conformarse con exportar mano de obra o importar conocimiento.
Debe aspirar a formar líderes, investigadores, innovadores y ciudadanos capaces de crear soluciones para los desafíos nacionales y contribuir al desarrollo del mundo.
La historia del siglo XXI será escrita por las naciones que comprendan que el verdadero poder no reside en lo que poseen, sino en la inteligencia, el carácter y los valores de su gente.
Pensamiento para la juventud: El recurso más valioso de México no está bajo la tierra ni dentro de una fábrica; está en la mente, el corazón y la voluntad de millones de jóvenes capaces de convertir el conocimiento en esperanza y el talento en el futuro de la nación



