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Home Antonio Garcia
La Anatomía del Régimen Aristóteles y la Estabilidad de la 4T.

La corrupción estructural que dejó el neoliberalismo la tarea inconclusa de la cuarta transformación

Antonio Garcia by Antonio Garcia
31 octubre, 2026
in Antonio Garcia
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Mtro. Jesús Antonio García Ramírez . Politólogo

1. Consideraciones previas

Hablar de corrupción desde la moralina es fácil. Hablar de corrupción desde la Ética es otra cosa y es lo que hace falta en México.

La infodemia nos ha acostumbrado a confundir moral con ética. Nos dice quién es el bueno y quién es el malo, quién es puro y quién es corrupto, y con eso cree que ya explicó el problema. No explicó nada. Solo hizo linchamiento.

Para salir de esa trampa sirve volver a Adolfo Sánchez Vázquez. Él nos enseñó algo fundamental que el neoliberalismo quiso borrar: una cosa es la moral y otra cosa es la ética. La moral es el conjunto de normas, costumbres y valores que una sociedad practica en un momento histórico. La ética es la ciencia que estudia y critica esa moral, que pregunta por qué esa moral es así, a quién sirve, qué intereses esconde.

El neoliberalismo en México impuso una moral. Una moral del sálvese quien pueda, del éxito individual, del privatiza todo, del todo se vale si da ganancia. Esa moral no fue espontánea. Fue construida desde el Estado, desde la escuela, desde los medios, desde los organismos autónomos. Se volvió sentido común: si lo público es ineficiente, hay que entregarlo a lo privado; si lo colectivo es corrupto, hay que volverlo negocio.

Así, la corrupción dejó de verse como una falta ética y se volvió una práctica moral normalizada. Como dice Sánchez Vázquez, toda moral corresponde a una praxis, a una forma de producir y reproducir la vida. La praxis neoliberal produjo una moral de la rapiña. No es que algunos mexicanos se volvieron corruptos, es que el modelo necesitaba de esa moral para funcionar.

Por eso la idea es correcta: la corrupción en México no se resuelve cambiando de personas con moral intachable. Se resuelve erradicando de raíz la estructura moral que dejó instalada el neoliberalismo y que aún sobrevive dentro del Estado.

2. A manera de reflexión

Aquí es donde necesitamos un análisis fuerte de Ética y no de anécdotas.

Sánchez Vázquez nos advierte que no hay moral eterna, hay morales históricas. Y hay morales que sirven para emancipar y morales que sirven para dominar. La moral neoliberal fue una moral de dominación y su núcleo ético es perverso: convierte los derechos en mercancías y las necesidades del pueblo en oportunidades de ganancia.

Desde esa ética de la ganancia, que Enrique Dussel llamaría la ética del capital y no la ética de la vida, la corrupción se vuelve perfectamente racional. ¿Para qué voy a garantizar salud pública si puedo hacer negocio con la enfermedad? ¿Para qué voy a construir escuelas públicas si puedo subcontratar la educación y cobrar por ella? ¿Para qué voy a administrar elecciones de manera sencilla si puedo volverlas un litigio caro que solo mi despacho entiende?

Eso que hoy llamamos corrupción estructural, Sánchez Vázquez lo llamaría con más precisión: enajenación moral. El servidor público ya no se reconoce en su servicio, se reconoce en el negocio que hace de su servicio. El funcionario ya no sirve al pueblo, se sirve del cargo. El órgano autónomo ya no sirve al Estado, se sirve del Estado para volverse un poder por encima del Estado.

Bolívar Echeverría, siguiendo esa misma línea, lo explicó como blanquitud ética: una forma de comportarse, de hablar, de administrar, que desprecia lo propio, lo popular, lo común, y que cree que lo único válido es lo que viene de fuera, lo técnico, lo privado, lo certificado por el mercado. Esa blanquitud está instalada aún en cientos de reglamentos, en manuales de compra, en criterios de evaluación, en fideicomisos que dicen que lo público no sabe hacer y por eso debe contratar a un privado que sí sabe, cobrando diez veces más.

La Cuarta Transformación enfrenta entonces no un problema de personas sin ética, sino un problema de una ética que sigue gobernando sin haber sido votada. Una ética que dice que todo tiene precio, que nada tiene dignidad, que el pueblo es cliente y no soberano. Mientras esa ética no sea desmontada, cambiar de funcionarios será, como diría Sánchez Vázquez, cambiar de individuos dentro de la misma praxis enajenada. Se cambia el rostro, pero se conserva la relación social corrupta que produce el rostro.

La tarea inconclusa es esa: pasar de la moral del interés privado a la ética de lo público, de la praxis de la rapiña a la praxis de la comunidad..

3. Consideraciones finales

Por eso no sirve la infodemia de los corruptos del día. Esa es moralina abstracta. Lo que sirve es una nueva Ética, con mayúsculas, como ciencia crítica de esa moral heredada.

Erradicar de raíz, en clave de Sánchez Vázquez, no es un acto moral, es un acto de praxis revolucionaria. No es castigar al individuo que violó la norma, es transformar la norma que produce al individuo que viola. No es limpiar la casa, es cambiar los cimientos de la casa.

La gran tarea ética de la Cuarta Transformación es desneoliberalizar la moral del Estado. Desmontar esa idea de que ser eficiente es ser privado. Desmontar esa idea de que ser autónomo es no rendirle cuentas al pueblo. Desmontar esa idea de que gobernar es administrar contratos y no garantizar derechos.

Eso exige lo que Sánchez Vázquez llamó una moral de la emancipación y lo que Dussel llama una ética de la vida: volver a poner al pueblo como criterio de verdad. Si una ley, un órgano, un contrato, un fideicomiso no sirve para que el pueblo viva mejor, entonces es corrupto, aunque sea legal. Esa es la inversión ética que la 4T tiene que consolidar: lo legal no siempre es ético y lo ético con el pueblo debe volverse legal.

La corrupción estructural no se acaba con un sexenio de buenos funcionarios. Se acaba cuando se instala una nueva moral colectiva, una nueva praxis donde lo público vuelve a ser digno, donde servir no es negocio, donde gobernar no es administrar la herencia neoliberal, sino erradicarla.

Ese es el reto ético. Esa es la raíz.

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