POR ING HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Mientras la clase política sigue atrapada en los debates del pasado, una nueva generación observa el mundo con otros ojos.
Los jóvenes de hoy no piensan como las generaciones anteriores. Su neurociencia, moldeada por la hiperconectividad, el acceso inmediato a la información y la interacción constante con tecnologías digitales, les ha dado una mentalidad más abierta, adaptable y global.
Entienden que el futuro no se construye con discursos ideológicos, sino con conocimiento, innovación y competitividad.
Sin embargo, existe una contradicción preocupante. Los jóvenes mexicanos reconocen que el país está llegando tarde a la gran revolución tecnológica que ya transforma a las principales economías del mundo.
Mientras otras naciones invierten miles de millones en inteligencia artificial, supercomputación, automatización, ciberseguridad y desarrollo científico, México continúa destinando recursos insuficientes a la investigación, la innovación y la formación de talento especializado.
La verdadera riqueza del siglo XXI no se encuentra bajo la tierra ni en los recursos naturales. Se encuentra en la capacidad de generar conocimiento.
El país necesita multiplicar ingenieros, científicos de datos, expertos en ciberseguridad, especialistas en automatización, energías avanzadas y biotecnología. Cada universidad debería convertirse en una fábrica de innovación y cada joven talentoso en un activo estratégico para la nación.
os jóvenes lo saben.
Comprenden que la inteligencia artificial no es una moda pasajera, sino la tecnología que definirá la economía, la seguridad y el poder global durante las próximas décadas.
También entienden que las oportunidades no esperan a quienes dudan. México enfrenta una decisión histórica.
Puede seguir administrando inercias políticas o apostar por una transformación tecnológica profunda. La diferencia entre ambas rutas determinará si el país participa como protagonista de la nueva revolución industrial o permanece como espectador de los avances creados por otros. El futuro ya llegó; la pregunta es si nuestros líderes tienen la visión para alcanzarlo




