POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
México está feliz,se divierte,baila en las calles al ver triunfar su selección de futbol ,pero enfrenta un desafío que va más allá de las cifras económicas: recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.
Durante décadas se impulsaron reformas importantes, pero muchas no lograron traducirse en bienestar porque persistieron viejos problemas como la corrupción, la discrecionalidad y la desigualdad de oportunidades.
La riqueza, por sí misma, no debe ser motivo de desconfianza.
Lo que la sociedad rechaza es aquella que nace de los privilegios, los monopolios o de la cercanía con el poder político.
Una economía sana necesita empresarios competitivos, innovadores y comprometidos con el desarrollo nacional, no mercados cerrados donde unos cuantos concentran las oportunidades.
La competencia, la transparencia y el respeto al Estado de derecho son condiciones indispensables para que la prosperidad alcance a más mexicanos.
Cuando las instituciones dejan de responder a las expectativas sociales, los ciudadanos buscan alternativas políticas que prometen cambios profundos.
Ese comportamiento no debe interpretarse como una debilidad democrática, sino como un llamado de atención a quienes gobiernan y a quienes aspiran a hacerlo.
La confianza no se recupera con discursos, sino con resultados, legalidad y rendición de cuentas. En este contexto, el papel de la educación resulta estratégico. México requiere elevar la calidad educativa, fortalecer la formación técnica y vincular las universidades con las necesidades productivas del país.
La participación de los jóvenes ingenieros será determinante para impulsar la innovación, la transformación digital, la infraestructura sostenible y el desarrollo tecnológico que demanda la economía del siglo XXI.
Invertir en su talento significa sembrar el crecimiento de las próximas décadas. Si logramos combinar instituciones confiables, competencia económica, educación de excelencia y una nueva generación de profesionistas comprometidos con el país, México tendrá la oportunidad de transformar su enorme potencial en un desarrollo incluyente, sostenible y capaz de generar prosperidad para todos




