Mtro. Jesús Antonio García Ramírez. Politólogo
- Consideraciones previas
La Universidad de Sonora carga sobre sus hombros una paradoja estructural. Alberga dos contratos colectivos que nacieron de luchas legítimas, pero que hoy operan en mesas separadas frente a un mismo patrón: la Rectoría. STAUS y STEUS no son enemigos naturales. Son expresiones distintas de la misma clase trabajadora universitaria, fracturada por un diseño de negociación que premia la división.
En este contexto, la 4T en Sonora no puede ser espectadora. Su compromiso histórico es con los trabajadores y con la educación pública como eje de transformación. La responsabilidad social del gobierno estatal exige no administrar dócilmente la dicotomía sindical, sino convocar a superarla. Y en esa ecuación falta un actor central: el estudiantado. Porque cada emplazamiento, cada huelga, cada mesa rota, repercute en el aula. No se trata de culpar a dirigentes ni de exaltar protagonismos. Se trata de reconocer que la arquitectura laboral actual convierte a los sindicatos en competidores por migajas presupuestales, mientras el adversario real es la precarización sistemática que también precariza la formación. La Rectoría administra esa arquitectura, el Estado la financia, y la 4T tiene el mandato social de reformarla.
Partir de ahí nos obliga a elevar la mirada. El conflicto STAUS-STEUS no es moral, es estructural. Y toda solución pasa por rediseñar la estructura con voluntad política, incluyendo al estudiantado como sujeto, no como daño colateral. La 4T, por su origen y narrativa, está llamada a ser garante de ese rediseño integral.
- A manera de reflexión
Si la UNISON es una sola institución, ¿por qué su fuerza laboral negocia como si fueran dos universidades y su comunidad estudia como si fuera ajena al conflicto? La respuesta incómoda es que al patrón le ha funcionado. Dos sindicatos peleando entre sí son dos sindicatos que no presionan juntos. Y un estudiantado al margen es un estudiantado que no exige cuentas.
Pero aquí viene la reflexión de fondo, y es donde la 4T en Sonora debe asumir su papel de mediador histórico: la identidad sindical no es negociable. STAUS tiene una historia académica y STEUS una historia administrativa. Ambas son válidas y ambas son pueblo. El error sería pedir que una absorba a la otra o que renuncien a su naturaleza. El reto es construir una unidad de acción sin exigir una unidad orgánica.
Eso significa mesas técnicas conjuntas antes de la negociación salarial. Significa agenda laboral homologada en temas comunes: pensiones, basificación, recategorización, salud. Y significa incluir la voz estudiantil en esa agenda. Porque cuando STEUS logra base para intendencia, hay aulas limpias para aprender. Cuando STAUS academiza horas, hay maestros de tiempo completo para enseñar. Lo que gana uno, apalanca a todos, incluido el alumno.
La reflexión es simple y la 4T debe abrazarla: divididos se administran, juntos se negocian, y con estudiantes se legitima. La Rectoría lo sabe. La base lo intuye. Las dirigencias lo necesitan. El estudiantado lo exige. Y el Gobierno del Estado, bajo el compromiso social de la 4T, tiene la autoridad moral para propiciar el encuentro, no la división. Fomentar la dicotomía sería traicionar su propio origen y dejar al alumno en medio del fuego cruzado.
- Consideraciones finales
La salida no está en la confrontación entre gremios ni en la comodidad de culpar solo a Rectoría. La salida está en un nuevo pacto laboral universitario de cuatro vías, con la 4T como garante activo que honre su compromiso histórico. STAUS y STEUS son legítimos y su identidad debe preservarse, porque la unidad no es homogeneidad ni significa renunciar a la historia que cada sindicato encarna. Rectoría tiene la responsabilidad ineludible de convocar a una negociación integral, pues administrar el conflicto ya no es opción ética ni política cuando la base y el aula resienten el desgaste.
En ese entramado, el estudiantado deja de ser rehén para convertirse en sujeto central, porque su derecho a clases de calidad está indisolublemente ligado a la estabilidad laboral de quien enseña y de quien sostiene la infraestructura universitaria cada día. La 4T en Sonora, por su origen y mandato, no puede ser neutral ante la dicotomía: su responsabilidad social es tender puentes, no profundizar zanjas, y ser factor de unidad que proteja tanto al trabajador como al alumno. La base paga el costo de la división con su salario y sus derechos, y el estudiante lo paga con tiempo de formación que no regresa.
Por eso la propuesta es enseñable y viable: crear un Consejo Laboral Universitario Ampliado con representación de STAUS, STEUS, Rectoría, una representación estudiantil legítima y con el Gobierno del Estado como testigo social. Un espacio que sesione antes de los emplazamientos, que construya un pliego común en lo estructural, que mida el impacto en el aula y que deje lo específico a cada contrato. Porque la enseñanza final es clara: una institución no puede tener dos varas para medir el trabajo ni puede dejar al estudiante fuera de la ecuación. Si la UNISON es una, su dignidad laboral y su calidad académica también deben ser una. Y si la 4T en Sonora es gobierno, su papel no es observar la dicotomía desde la comodidad, es resolverla con altura, incluyendo a todos. Construir unidad sin perder identidad no es utopía sindical. Es la responsabilidad social que el momento histórico, el trabajador y el alumno exigen juntos.




