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Home Antonio Garcia
La Subjetividad Oculta tras el Velo del Nobel de la Paz: ¿Reconocimiento o Geopolítica Disfrazada?

El fraude que no cuenta: Cómo las encuestas secuestraron a la democracia mexicana

Antonio Garcia by Antonio Garcia
29 mayo, 2026
in Antonio Garcia
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La maquinaria neoliberal que fabrica presidentes antes de votar | Coyuntura 2026

Mtro. Jesús Antonio García Ramírez
Politólogo

1. Consideraciones previas

La guerra ya empezó y no es en las urnas. Es mayo de 2026 y México vive una elección que no ha sido convocada. Todos los días, a las 6:00 AM, suena el primer cañonazo: “Nueva encuesta da ventaja a…”. Para las 9:00 AM ya hubo réplica, desmentido y contraencuesta. Para la noche, el ciudadano promedio ha visto 4 “fotos del momento” distintas, ninguna con negativo revelado, todas sin base de datos pública. Así se gobierna la percepción en el México neoliberal: no con hechos, sino con decimales.

El dato que funda esta discusión no es electoral, es económico. Entre enero de 2025 y mayo de 2026, partidos y gobiernos gastaron 1,340 millones de pesos en “estudios de opinión” reportados al INE. Es el segundo rubro de gasto después de spots de radio y TV. Más dinero en medir al pueblo que en hablar con el pueblo. Más presupuesto para el call center que para la asamblea. Esa inversión no busca conocer; busca controlar. Porque en el modelo neoliberal la democracia es un mercado y la encuesta es el estudio de mercado que define qué producto político te van a vender los próximos 6 meses.

La ley mexicana regula el arma, pero no a quien dispara. El artículo 213 de la LGIPE obliga a las encuestadoras a entregar metodología al INE cuando publican resultados. Deben decir cuántas entrevistas hicieron y cuál es el margen de error. Lo que no están obligadas a decir es quién pagó, cuál fue la tasa de rechazo, qué redacción exacta tuvieron los reactivos, ni entregar la base de datos para que una universidad la audite. Conocemos la sentencia del juez, pero el expediente está bajo llave. En cualquier democracia seria eso se llamaría opacidad. En México se llama “metodología registrada ante el INE”.

Por eso hay que nombrar el problema sin eufemismos: las encuestadoras son actores políticos, no notarios de la realidad. Tienen clientes, nómina y intereses. En 2024, Massive Caller, México Elige, Rubrum, Demoscopia Digital y MetricsMx publicaron 7 de cada 10 encuestas que circularon en medios nacionales. Las cinco erraron por más de 9 puntos en al menos dos gubernaturas. Las cinco renovaron contratos con gobiernos estatales en 2025. En el mercado neoliberal de la demoscopia, el error no se castiga: se premia si generó titulares. Porque el producto que venden no es precisión; es influencia. Y la influencia cotiza más alto que la verdad.

2. A manera de reflexión

Reflexionemos sobre el origen: la 4T es hija de la calle, no del Excel. Andrés Manuel López Obrador fue declarado “inviable” por todas las encuestas de 2005 a 2017. No cabía en el margen de error porque no cabía en el teléfono fijo. Su fuerza estaba en la plaza pública, en el recorrido de 2,446 municipios, en la asamblea donde el pueblo habla y el dirigente apunta. La 4T triunfó en 2018 cuando el pueblo decidió que su voto no era un dato sino un mandato. Por eso duele la paradoja de 2026: el movimiento que derrotó a las encuestas hoy vive esclavo del tracking diario. Secretarías tienen “war rooms”, gobernadores cancelan giras porque “bajaron dos puntos”, alcaldes gobiernan viendo la gráfica y no la banqueta. Cuando cambias la plaza por el call center, ya ganaste la elección, pero perdiste la razón histórica.

Pensemos también en el ciudadano convertido en mercancía. Tú contestas una encuesta en Hermosillo y dices que te preocupa la inseguridad. En 72 horas tu Facebook se inunda de anuncios de “candidato mano dura”. Nunca te preguntaron qué modelo de policía quieres, con qué presupuesto, bajo qué controles civiles. Solo necesitaban tu miedo para empaquetarlo y vendértelo de regreso. Ese es el robo de iniciativa: la democracia supone que formas juicio y luego eliges; el marketing neoliberal invierte la fórmula y primero te induce a elegir para que luego justifiques tu elección. La encuesta es el instrumento quirúrgico para esa operación. Te estudian para no tener que convencerte. Te segmentan para no tener que representarte. Y al final del día no votas por un proyecto: votas por el reflejo de tu propia ansiedad, curada por el mismo que te la midió.

Y hagamos la reflexión final: la opacidad no es un accidente del sistema, es el sistema. Se dice que las encuestas fallan porque “el elector es volátil”. La verdad es más brutal: fallan porque el negocio está en fallar de forma útil. Si le dices a un gobernador que va 20 puntos arriba, te contrata seis meses para que le administres la victoria. Si le dices que va perdiendo, te contrata para que le diseñes la remontada. La verdad es mal negocio porque la verdad solo se vende una vez. La incertidumbre, en cambio, se factura cada lunes. Por eso no hay bases de datos abiertas, por eso no hay auditoría universitaria, por eso no hay castigo al error sistemático. Porque si transparentas el truco, se acaba la magia. Y la magia es que creas que el futuro ya está escrito en un PDF sin anexos.

3. Consideraciones finales

El diagnóstico de coyuntura es claro: México 2026 no está eligiendo diputados, está subastando percepciones. Las encuestadoras no describen la realidad; la producen. Publican “empate técnico” para que el dinero fluya a las campañas. Publican “ventaja irreversible” para desmovilizar al adversario. Y en medio, el ciudadano queda como espectador de una pelea arreglada donde su voto es el último acto de un guion que no escribió. Eso no es democracia; es simulación estadística con cargo al erario. Porque sí, tú pagas esas encuestas vía financiamiento público a partidos. El Estado neoliberal financia su propia manipulación.

Para la 4T el dilema es existencial y no puede postergarse. No se trata de prohibir encuestas; se trata de desmercantilizarlas. Si el movimiento que nació diciendo “con el pueblo todo, sin el pueblo nada” termina gobernando con el tracking de las 8:00 AM, habrá traicionado su génesis. La ruta es legislar antes de 2027 tres puntos no negociables: primero, base de datos cruda y audios de campo públicos a las 72 horas de difundir cualquier encuesta, con pena de cancelación de registro si se ocultan; segundo, creación del Índice Nacional de Calidad Demoscópica operado por INEGI-UNAM-UAM, para que el mercado premie acierto y no escándalo; tercero, tope de 25% al gasto de campaña en marketing y estudios, para que vuelva a ser más rentable el volante que el spot. Si no se atreven a tocar el negocio de las encuestas, el negocio de las encuestas va a terminar tocando a la 4T.

Y para el ciudadano de a pie, la instrucción es de autodefensa democrática. La próxima vez que veas un titular que diga “Encuesta da ganador a…”, aplica el protocolo de tres preguntas antes de compartir: uno, ¿quién pagó este estudio?; dos, ¿dónde está la base de datos para revisarla?; tres, ¿cuánta gente colgó el teléfono antes de contestar? Si no te responden las tres, no estás frente a información; estás frente a propaganda. Y tu deber no es creerla ni compartirla; es cuestionarla. Porque cada vez que replicas una encuesta opaca, votas por el candidato de la encuestadora sin saberlo.

Cierro con la tesis que no cabe en el margen de error: la democracia no se mide, se ejerce. La única encuesta que fundó este país se llamó Revolución Mexicana y no tuvo casa encuestadora. La segunda se llamó Expropiación Petrolera y se llenó en el Zócalo sin call center. La tercera se llamó 2018 y no la vio venir ningún tracking porque se cocinó en la calle, en la cola de la tortilla, en la asamblea ejidal. El neoliberalismo te quiere convencer de que el futuro es una estadística. La 4T nació para demostrar que el futuro es una decisión. Y las decisiones no se subcontratan.

Recuperar la iniciativa democrática en 2026 significa una cosa: volver a la plaza. Que el dirigente que no pise territorio, no opine. Que el candidato que gaste más en encuestas que en brigadistas, explique a quién representa. Porque el día que dejemos de hacer lo correcto porque “bajamos en la encuesta”, ese día el neoliberalismo habrá ganado sin disparar un tiro. Y México no merece un fraude que no se cuenta, merece una democracia que se cuenta en la calle, con el pueblo como único encuestador y con la historia como único margen de error.

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