POR ING HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Mientras China elimina miles de programas universitarios para concentrarse en inteligencia artificial, robótica, biotecnología y ciencia de datos, México sigue atrapado en un debate que parece provenir del siglo pasado.
La pregunta ya no es cuántas universidades abrir, sino si estamos formando jóvenes para competir en la revolución tecnológica que está redefiniendo el mundo.
La geopolítica del siglo XXI no se disputa únicamente con ejércitos o tratados comerciales. Se disputa con talento.
Las naciones que liderarán el futuro serán aquellas capaces de multiplicar ingenieros, científicos de datos, expertos en ciberseguridad, especialistas en energía, logística, automatización y biotecnología.
Es ahí donde se generará la riqueza, la innovación y el poder económico de las próximas décadas.
México posee una ventaja extraordinaria que pocas veces aparece en los discursos oficiales: el potencial cognitivo de millones de jóvenes. La neurociencia ha demostrado que el cerebro humano alcanza niveles extraordinarios de adaptación cuando enfrenta entornos de aprendizaje dinámicos, creativos y tecnológicamente avanzados. Sin embargo, seguimos educando a gran parte de nuestra juventud bajo modelos diseñados para una economía industrial que está desapareciendo.
El verdadero riesgo no es la inteligencia artificial.
El riesgo es que nuestros jóvenes lleguen tarde a ella. Cada año que retrasamos la modernización educativa aumenta la brecha entre las habilidades que demanda el mercado global y las que ofrecen nuestras instituciones.
La discusión nacional debería abandonar la autocomplacencia. No basta con ampliar la matrícula universitaria; es indispensable transformar los contenidos, conectar las aulas con la innovación y convertir la educación en una política de seguridad económica nacional.
La gran batalla del futuro no será entre izquierda y derecha.
Será entre los países que prepararon a sus jóvenes para liderar la revolución tecnológica y aquellos que los condenaron a observarla desde la banca. México aún está a tiempo de decidir de qué lado quiere estar.




